Asociación de Urológica de Centroamérica y el Caribe
AUCA

Salud Renal en las Personas con Discapacidad

El Día Internacional de las Personas con Discapacidad (3 de diciembre) es una ocasión para abordar las necesidades de salud específicas de esta población. Un área crítica, y a menudo pasada por alto, es la salud renal y urológica.

Ciertas discapacidades, especialmente aquellas que afectan la movilidad y el control nervioso, plantean desafíos únicos que aumentan el riesgo de problemas en el tracto urinario, incluyendo infecciones, cálculos y, potencialmente, daño renal crónico. La atención y el manejo proactivo son fundamentales para preservar la función renal y la calidad de vida.


El Vínculo: Disfunción Nerviosa y Vejiga Neurógena

El riesgo de daño renal en muchas personas con discapacidad se origina en la vejiga neurógena. Esta condición ocurre cuando el control nervioso de la vejiga se ve afectado por una lesión o enfermedad subyacente.

La vejiga neurógena es común en discapacidades como:

  • Lesión de la Médula Espinal (LME): El daño nervioso interrumpe la comunicación entre el cerebro y la vejiga, causando problemas de vaciado o almacenamiento.

  • Espina Bífida: Una malformación congénita de la columna que afecta los nervios de la vejiga.

  • Esclerosis Múltiple o Parálisis Cerebral: Enfermedades que afectan el sistema nervioso central y pueden provocar espasticidad del esfínter o incapacidad para vaciar completamente la vejiga.

Consecuencias de la Vejiga Neurógena:

  1. Retención Urinaria: Si la vejiga no se vacía por completo, la orina residual se convierte en un caldo de cultivo para las bacterias, aumentando drásticamente el riesgo de Infecciones del Tracto Urinario (ITU) recurrentes.

  2. Presión Alta en la Vejiga (Hipertensión Vesical): Cuando la vejiga no se relaja o el esfínter está espástico, la presión interna aumenta. Esta presión puede retroceder hacia los riñones (reflujo vesicoureteral), causando daño progresivo y, con el tiempo, insuficiencia renal crónica.


Desafíos Adicionales y Cuidados Específicos

Además de la vejiga neurógena, otros factores específicos de la discapacidad contribuyen al riesgo urológico:

1. Manejo del Cateterismo Intermitente

Para las personas que requieren cateterismo intermitente limpio (CIC) para vaciar su vejiga (común en LME o Espina Bífida), la técnica es vital. Cualquier error en la higiene o el manejo puede introducir bacterias en la vejiga.

  • El Riesgo: La necesidad de manipular la uretra y la vejiga aumenta el riesgo de bacteriuria (presencia de bacterias en la orina) y, potencialmente, de ITU sintomáticas.

2. Baja Movilidad y Cálculos Renales

La movilidad reducida o nula (inmovilidad prolongada) puede contribuir a la osteoporosis y la liberación de calcio en el torrente sanguíneo.

  • El Riesgo: Este exceso de calcio puede depositarse en los riñones, aumentando la probabilidad de formación de cálculos renales. Estos cálculos no solo son dolorosos, sino que pueden bloquear el flujo de orina y causar infecciones.


La Estrategia de Prevención Renal

Para preservar la función renal en personas con discapacidades asociadas a problemas urológicos, la estrategia debe ser rigurosa y multidisciplinaria.

Prioridad Acción de Cuidado Objetivo
Monitoreo Urológico Seguimiento Anual con el urólogo, incluyendo estudios de la presión de la vejiga (Estudios Urodinámicos). Prevenir la presión alta en la vejiga que daña los riñones.
Control de ITU Cultivos de Orina Regulares para identificar bacterias y ajustar el protocolo de higiene/antibióticos. Evitar que las infecciones crónicas o graves asciendan a los riñones.
Manejo de Fluidos Hidratación Adecuada y uso correcto de fluidos para mantener la orina diluida. Prevenir la formación de cálculos renales y expulsar bacterias.
Nutrición Dieta baja en Sodio y control de la ingesta de proteínas (según indicación médica), especialmente si ya existe daño renal. Disminuir la carga de trabajo en los riñones.

El mensaje fundamental es la proactividad. Las personas con discapacidad no deben esperar a que se presenten los síntomas de una infección renal o una insuficiencia. El manejo constante de la vejiga y el seguimiento urológico son el mejor seguro para garantizar una función renal duradera y, por ende, una mejor calidad de vida.

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