La próstata es una glándula del tamaño de una nuez ubicada debajo de la vejiga, que rodea la uretra como un anillo. Su función principal es producir parte del líquido seminal que nutre y transporta los espermatozoides. Aunque pequeña, esta glándula es protagonista de tres grandes problemas de salud masculina a partir de los 40 años: la hiperplasia benigna de próstata (HPB), la prostatitis y el cáncer de próstata. Conocer el ABC de la salud prostática puede marcar la diferencia entre un diagnóstico oportuno y una complicación evitable.
A: Antígeno Prostático Específico (PSA) y chequeo anual
El PSA es una proteína producida por la próstata que se mide en sangre. Aunque su elevación no siempre indica cáncer —también aumenta en la HPB y la prostatitis—, es la herramienta de tamizaje más útil con la que contamos hoy. Las recomendaciones actuales sugieren:
- Iniciar la conversación sobre tamizaje de cáncer de próstata a los 50 años en hombres con riesgo promedio
- A los 45 años si hay antecedentes familiares de cáncer de próstata (padre o hermano) o en hombres de raza afrodescendiente, que tienen mayor riesgo
- A los 40 años si hay más de un familiar de primer grado afectado
La evaluación no se limita al análisis de sangre: el tacto rectal, aunque incómodo para muchos, permite al urólogo palpar la superficie de la próstata y detectar nódulos o zonas endurecidas que pueden ser sospechosas incluso con un PSA normal. Es rápido y aporta información complementaria valiosa.
B: Bajar de peso y buenos hábitos
La salud prostática está influenciada directamente por el estilo de vida. La obesidad, el sedentarismo y una dieta rica en grasas saturadas y carnes procesadas se asocian con mayor riesgo de HPB sintomática y con formas más agresivas de cáncer de próstata. Las medidas más respaldadas por la evidencia incluyen:
- Dieta mediterránea: rica en frutas, verduras, pescado, frutos secos, aceite de oliva y legumbres. El licopeno del tomate cocido, los polifenoles del té verde y las isoflavonas de la soja han mostrado efectos protectores
- Ejercicio regular: al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada. Estudios sugieren que el ejercicio vigoroso reduce el riesgo de cáncer de próstata avanzado
- Control del peso: la obesidad abdominal eleva los estrógenos y factores inflamatorios que pueden estimular el crecimiento prostático
- Moderar el alcohol y evitar el tabaco: ambos se asocian con mayor agresividad tumoral en cáncer de próstata
C: Control de síntomas y consulta oportuna
La HPB afecta aproximadamente al 50 % de los hombres a los 60 años y al 90 % a los 85. No siempre causa síntomas, pero cuando lo hace, los más frecuentes son los síntomas del tracto urinario inferior (STUI):
- Síntomas de vaciado: chorro débil o entrecortado, dificultad para iniciar la micción, necesidad de pujar, goteo al terminar
- Síntomas de llenado: urgencia miccional, aumento de la frecuencia (cada 1-2 horas), nicturia (levantarse 2 o más veces a orinar de noche)
Si estos síntomas afectan tu calidad de vida, no los normalices como “cosa de la edad”. Existen tratamientos farmacológicos eficaces (alfabloqueantes, inhibidores de la 5-alfa-reductasa) y procedimientos mínimamente invasivos que mejoran significativamente los síntomas sin necesidad de cirugía abierta.
Señales de alarma que no debes ignorar
- Sangre en la orina (hematuria) o en el semen
- Dolor persistente en la zona baja de la espalda, cadera o pelvis
- Pérdida de peso inexplicable
- Incapacidad súbita para orinar (retención aguda de orina)
- Disfunción eréctil de nueva aparición que no responde al tratamiento habitual
Cuidar la próstata no empieza a los 60: empieza a los 40. Un control anual, un estilo de vida saludable y la consulta temprana ante cualquier síntoma son el ABC que todo hombre debería seguir.
